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Un muy buen amigo mío hace casi una veintena de años me adelantaba, con absoluta seguridad, que internet cambiaría el mundo y que dependeríamos absolutamente de los equipos informáticos. Relacionado entonces de forma tangencial con ese mundillo y manejando conceptos muy básicos y ahora arcaicos como “MS DOS”, “WORDPERFECT” y poco o nada más, le miré extrañado y le pregunté por la utilidad de aquello tan incipiente; sonriendo me dijo “información”, ¿información?, “sí, toda la que quieras y a mano”.

 

Con el paso vertiginoso del tiempo y acontecimientos he comprendido la dimensión de lo que mi amigo preveía. El ir de tiendas, leer el periódico, escuchar nuestra música favorita o resolver dudas se hace desde el sofá y ya ni tan siquiera con un ordenador sino que basta con un leve toque digital en la pantalla de un móvil. Sin duda, es cómodo y útil pero tendemos a acostumbrarnos a disponer de la información de esa forma: inmediata, entendible y completa.

Supermercados y una gran variedad de negocios de todo tipo ofrecen la posibilidad de adquirir sus productos en sus páginas web y sin desplazarse del domicilio lo cual es perfectamente compatible con el tipo de transacción que se lleva a cabo si bien siempre hay quien preferirá elegir las manzanas comprobando el grado de madurez (aunque sea con un guante) o probarse, antes de comprarla, la ropa para ver cómo queda puesta en su cuerpo y no qué bien luce en una pantalla luminosa.

Lo cierto es que no me imagino a un doctor llevando a cabo una exploración “físico-virtual” a un paciente; podremos introducir en el buscador el vocablo médico para saber exactamente que nos ha diagnosticado el médico (prohibido para aprensivos) pero el contacto doctor-paciente es imprescindible para saber exactamente qué nos pasa. Igual ocurre en la relación abogado-cliente.

Algunos profesionales ofrecen, por ejemplo, por un coste irrisorio la redacción de un convenio de divorcio on line; un convenio es algo que debe durar y adelantarse a futuros problemas para evitarlos; requiere horas de entrevista personal con la pareja y poner encima de la mesa esas cuestiones controvertidas para regularlas y ahorrar al cliente futuros pleitos. Otros asuntos, igualmente, son imposibles de tratar con rigor sin el contacto personal. Lo más gratificante de esta profesión es el agradecimiento de tus clientes en forma de sonrisa y, a veces, lágrimas, palabras u obsequios que te dan, con ilusión, en mano.

Publicado por: Rafael Francisco Diéguez - Abogado

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