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Se ha reavivado un debate que parecía superado en cuanto a la conveniencia de instaurar en el sistema normativo español la cadena perpetua, término coloquial de otros tiempos en los que el reo debía permanecer encadenado durante todo o parte del periodo de la condena; evidentemente, en la actualidad el término más que a “cadenas y grilletes” se refiere a la posibilidad de imponer condenas indefinidas, vitalicias.

 

La actual regulación dista mucho de esta medida pues la Constitución impone la obligación de que las penas se orienten a la reeducación y reinserción social y el Código Penal establece, por regla general, un máximo de veinte años de prisión; si a eso le añadimos un sistema penitenciario que relaja, con el paso del tiempo, el cumplimiento de este tipo de penas con permisos y grados en los que, progresivamente, el condenado disfruta de mayor libertad y que, con cierta frecuencia, estos privilegios son aprovechados para volver a delinquir, la sensación que los ciudadanos a veces tienen es de que los delitos más graves son escasamente castigados y que los peores delincuentes se valen de ello.

En todo caso, este problema no tiene una fácil solución y se deben atender a determinados factores como el mandato constitucional incompatible de todo punto con esta condena indefinida; sería preciso una modificación del artículo 25 del texto, una modificación ampliamente consensuada por los partidos políticos con una mayoría cualificada.

Otra consideración es que la cadena perpetua supone la máxima expresión de la pena como castigo y la manifiesta imposibilidad de reinsertarse en una sociedad a la que el reo ya no va a volver; en este sentido, cabe destacar que sociedades democráticas como la estadounidense no ha erradicado la delincuencia pese a imponer la pena de muerte en algunos de sus estados.

Algunas teorías han resaltado el efecto criminógeno que supondría en algunos delincuentes el endurecimiento de las penas: por ejemplo, un homicida en huída sabiendo que le espera una condena para el resto de su vida podría cometer más delitos en un intento desesperado por no ser aprehendido.

En mi opinión, las voces que claman por la cadena perpetua se acallarían si se acometiera seriamente el cumplimiento íntegro de las penas, compatible con la reinserción del condenado si los permisos y rebajas en grados no se concedieran por sistema y como regla general sino tras un serio estudio del caso concreto para determinar las reales posibilidades de reeducación y el nivel de conciencia y arrepentimiento sincero del recluso.

Publicado por: Rafael Francisco Diéguez - Abogado

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