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El Ébola deja de ser, en estos días, una enfermedad característica del Tercer Mundo y se convierte en problema local de inciertas y preocupantes dimensiones.

Que todo lo que está ocurriendo sirva para concienciarnos de que todo lo que pasa en el mundo nos debe interesar y que las vidas que se pierden ante nuestras lejanas miradas frente al televisor son tan vidas como las nuestras.

Puede que ahora que se nos cuela en nuestra casa el virus se encuentre un remedio para contrarrestar una enfermedad que arrasa las vidas de desvalidos tercermundistas.

Deja estampas estos primeros días de crisis que, por decirlo de alguna forma, son llamativas: manifestaciones para salvar la vida de un perro contra las recomendaciones de las autoridades sanitarias; ausencia de manifestaciones para apoyar a esos pobres vecinos de la enferma que pedían desesperados la desinfección de las zonas comunes del edificio; la ¿reflexión? de un responsable político y médico de profesión culpabilizando de lo ocurrido a la profesional y cuestionando hasta su decisión de ir a una peluquería; la cadena de improvisaciones; la carencia de una figura no necesariamente política que actúe como portavoz de la crisis sanitaria y nos transmita información y, sobre todo, tranquilidad ( los responsables políticos lo intentan pero ni sus caras ni sus palabras lo consiguen), etc.

La beligerante actitud del Consejero de Sanidad puede tener que ver con la palmaria falta de prevención, recursos y concienciación por parte de la Administración en este asunto.

No es muy lógico que el médico que atendió a esta enferma dispusiera de un traje de protección con las mangas cortas; no es lógico que se realizara el traslado de la enferma en una ambulancia sin protección y tampoco lo es que la charla que recibe el personal sanitario dure treinta minutos (viendo un video hoy mismo de cómo se quita el traje de protección un instructor en una de estos cursillos, el milagro es no contagiarse).

Estas carencias y fallos en el protocolo o de vigilancia para que éste se cumpla pueden fundamentar una demanda reclamando la indemnización correspondiente por falta de medidas de seguridad e higiene en el trabajo. ¿La única forma de evitar que prospere? La responsabilidad exclusiva de la trabajadora en el accidente. Oyendo al responsable de la sanidad madrileña se hace presente el dicho “no hay mejor defensa que un buen ataque”.

 

Publicado por: Rafael Francisco Diéguez - Abogado

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