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Derecho de Familia

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Si los partidos políticos han estudiado en profundidad los pros y contras de este tipo de pena no lo parece.El debate parlamentario sobre la prisión permanente revisable ha dejado en evidencia el afán electoralista de los partidos en todo momento y lugar, frivolizando con el dolor de víctimas, “privilegiados” espectadores in situ, utilizándolas de todas las formas posibles y buscando impactar en futuros electores, hurgando en el escándalo y dolor generalizados o planteando simplismos con terrorismo y asesinatos de niños en la misma nada matemática ecuación.

 

Al margen del lógico dolor de los familiares de las inocentes víctimas que nunca tendrán una segunda oportunidad, la conveniencia o no de instaurar sistemas de prisión de larga o perpetua duración debe determinarse atendiendo a tal cantidad de factores que debería huirse de la precipitación y el postureo de la que han hecho gala nuestros representantes.

Tampoco ha sido buen momento para un debate sobre una figura pendiente de convalidación en el Tribunal Constitucional y con la reciente detención de la pareja sentimental del padre de Gabriel Cruz y con la sensibilidad social a flor de piel.

El Tribunal Constitucional deberá pronunciarse, entre otras cuestiones, sobre la compatibilidad de la prisión permanente con el artículo 25 de la Constitución (: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social…”.

Sin cuestionar el objetivo constitucional de recuperar socialmente al individuo que comete un delito, cumple su condena y repara, en la medida de lo posible, el daño, lo que, en general es positivo para la sociedad en su conjunto y revela una superación de la bíblica respuesta del ojo por ojo y diente por diente, no debemos eludir las verdaderas preguntas a responder:

¿Qué hacemos con aquellos sujetos fríos, psicópatas, violentos y sin empatía? ¿Cómo podemos reeducar y reinsertar a alguien que, en libertad, tiene una alta probabilidad de delinquir de nuevo? ¿Cómo evitar la situación de riesgo que supone poner en libertad a quien cosifica a las personas y las infiere, fríamente, todo tipo de atrocidades? ¿Cómo aliviar el dolor de los familiares de las víctimas de estos delincuentes y que consideren suficiente el castigo al que arruinó sus vidas? ¿Seremos capaces de asimilar que hay personas sin posibilidad de reinserción? ¿Qué hacer con estas personas? ¿Qué recursos de toda índole son necesarios para llevar a cabo un protocolo que concilie los derechos de las víctimas con los de los delincuentes?.

En resumen, ¿quién va a responder a estas preguntas y a buscar la solución más justa y racional? ¿Quién?....

Publicado por: Rafael Francisco Diéguez - Abogado

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